Crisis design cena
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La crisis del Design
Debido al desarrollo veloz de nuevas tecnologías industriales, a causa del progreso capitalista a nivel mundial, es que podemos apreciar atisbos de crisis. Esta crisis es se manifiesta a través de una divergencia entre programación y planteamiento.
La programación, como preordenamiento calculado ya no tiende a preceder al planteamiento, si no que lo sustituye como búsqueda de soluciones dialéticas, a las contradicciones de la sociedad. De la misma forma, el planteamiento, es un proceso intergado e una concepción del desarrollo de la sociedad como un devenir histórico. En cambio, la programación, se presenta como la superación de la historia, como un principio de orden de la existencia social. Mientras proyectar reside en el lado más imaginativo y creacionista de la voluntad humana, la programación arroja el resultado exacto basado en lo necesario.
Bajo estos términos, es que la crisis del Design, es un síntoma de una crisis general de la cultura de bienestar sustentada en el sistema socio-político regente. La crisis actual es pues, una crisis global; el mundo tiende a cesar de ser uno de objetos y sujetos, de cosas pensadas y personas pensantes, El mundo de mañana podría no ser uno de proyectistas sino uno de programados.
La crisis del objeto es la muerte del arte
Con respecto a esos profundos cambios sociales y culturales víctimas del desarrollo tecnológico e industrial, es que podemos afirmar tal concepto. A obra de arte es el objeto único que tiene el máximo de calidad y el mínimo de cantidad; es por lo tanto, el vértice de una pirámide en cuya base encontramos objetos repetidos y de escaso valor, en los que, por lo tanto, hay un máximo de cantidad y mínimo valor. En una cultura de masas, no se puede aceptar que los valores esenciales para la existencia sean sustraídos a la colectividad, monopolizados por grupos de individuos, suministrando a la colectividad solo en la medida en que resulta útil a las clases dirigentes.
Por ende, crisis del objeto, es la crisis del producto final, el cual sufre un devenir dramático debido a la demanda. La tentativa de pasar del producto de interés individual, al producto de interés colectivo, fue llevada a cabo a fines del siglo pasado, y sus premisas eran las siguientes: 1.- Qué el valor de cualquier producto de la técnica resulta de la cuantificación más o menos extendida de la cualidad del unicum-arte asumido como modelo. 2.- Al identificarse la cantidad con el valor estético, las técnicas del arte y la artesanía tienen la finalidad de producir valor estético, o sea de enlazar una experiencia estética, de diferente nivel a todas las cosas que usamos en la vida. De esta forma, la producción industrial, tenía que producir objetos de valor estético, pero como ponía en circulación series ilimitadas de objetos idénticos, estos no podían ser diferenciados cualitativamente según las clases sociales que los usaban. El industrialismo en su ideología original tenía que transformar la vieja sociedad vertical, clasista, jerárquica, en una nueva horizontal, sin clases.
La crisis de la ciudad
No es difícil comprender que para todas las corrientes artísticas de vaguardia la problemática del objeto artístico se haya extendido a la ciudad; la ciudad es a la sociedad lo que el objeto es al individuo. La sociedad se reconoce en la ciudad como el individuo en el objeto y por lo tanto, la ciudad es un objeto de uso colectivo. La ciudad también se puede identificar con el arte en cuanto objetivamente resulta de la convergencia de todas las técnicas artísticas en la formación de un ambiente tanto más vital cuanto más rico en valores estéticos.
Cuando se habla de la crisis del arte se habla en realidad de la crisis de la ciudad y la crisis de la ciudad es uno de los fenómenos más graves y peligrosos del mundo moderno.
Pero la verdadera crisis de la ciudad no se manifiesta solamente en la disminución de su nivel cultural, sino en la pérdida de su carácter originario de organismo cultural. Esta pérdida de valor es determinada por el hecho de que la ciudad ya no es un bien y un instrumento de la comunidad, cuyos esfuerzos tendentes a una finalidad común facilita, sino un objeto explotado por parte de una minoría privilegiada. Para combatir la degradación de la ciudad causada por la industrialización, la especulación y el crecimiento demográfico incontrolado, los grandes arquitectos del racionalismo concibieron esquemas de ciudad en los que el orden y la distribución de los espacios se correspondían con el orden y la distribución de las funciones.
Desde que se formuló, la teoría del design ha tenido como objetivo el bienestar social, sosteniendo que no era una bienestar moral y políticamente legítimo el que algunas capas privilegiadas se aseguran mediante la explotación de las demás. Y es que la espiral del consumismo llevará, e un tiempo relativamente breve, al empobrecimiento de los recursos. Incluyendo a los biológicos. Al mismo tiempo, se siguen produciendo las causas, que podrán llevarnos incluso a una guerra horriblemente destructiva.
En el primer estadio del design, de Bauhaus y Gropius, la finalidad era crear objetors cuyo valor no dependiese de la materia sino de la forma y que pudieran ser disfrutados también por los grupos económicos no privilegiados, pero aunque la posesión y utilización de productos bien diseñados ya no dependía de la riqueza material, exigía todavía un elevado nivel cultural.
A pesar de esto, los problemas fundamentales siguen, y seguirán siendo los mismos pero la cultura necesaria para disfrutar del nuevo design ya no será una cultura de clase sino una cultura de masas, producida por el mismo design.